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La larga historia de La Vanguardia comienza el 1 de febrero de 1881, cuando dos empresarios de Igualada, los hermanos Carlos y Bartolomé Godó Pié sacaron a la calle el primer número del diario. Definido entonces como "Diario político de avisos y noticias", nació como órgano de expresión de una fracción del Partido Liberal de Barcelona, que aspiraba a conseguir la alcaldía de la ciudad. Siete años más tarde, comenzó la historia de La Vanguardia como modelo de diario independiente, plural y moderno. El 31 de diciembre de 1887 dejó de publicarse como órgano del Partido Constitucional, y el 1 de enero de 1888, primer día de la Exposición Universal de Barcelona, presentó un nuevo formato, con doble edición de mañana y tarde, al margen ya de cualquier partido político. El periodista que consiguió convertir un diario partidista en el gran referente de la prensa independiente barcelonesa fue Modesto Sánchez Ortiz, un director andaluz que Amadeo Sagasta recomendó a Carlos Godó. Sánchez Ortiz se integró plenamente en la vida cultural de Barcelona y abrió las páginas del diario a los jóvenes artistas e intelectuales catalanes más destacados, que supieron conectar con los aires renovadores que vivía la sociedad catalana. Casas, Nonell, Rusiñol, Casellas y una larga nómina de artistas e intelectuales son una muestra de aquella profunda transformación, como lo demuestra que, en 1900, el diario ya publicaba la primera crítica de un joven pintor llamado Pablo Ruiz Picasso. Durante aquella época, La Vanguardia contó también con la firma de intelectuales como Leopoldo Alas Clarín, así como con la de Unamuno y los principales escritores de la generación del 98. El 25 de octubre de 1903, el rotativo se trasladó de la calle Les Heures, cercana a la plaza Reial, a un edificio modernista en la calle Pelai, 28, a la vez que renovó su sistema de composición. Ya bajo la dirección del intelectual mallorquín Miquel dels Sants Oliver, La Vanguardia contrató a los más prestigiosos colaboradores del Diario de Barcelona, decano de la prensa continental. Uno de sus más grandes y resonantes éxitos fue ser el primer diario español que envió corresponsales a París y Berlín, capitales de los bandos contendientes durante la Primera Guerra Mundial. En aquella época, La Vanguardia conectó plenamente con la vida cultural y social catalana, y se convirtió, con más de 80.000 ejemplares, en el diario de mayor difusión de Catalunya. A Miquel dels Sants Oliver le sucedió el antiguo corresponsal en París, Agustí Calvet Gaziel. Bajo su dirección y con el empuje empresarial de Ramón Godó Lallana, La Vanguardia se consolidó como el primer diario de España y uno de los principales de Europa. Aquel éxito fue posible gracias a que el diario fue pionero a la hora de introducir todos los avances técnicos, la conexión con las principales agencias, la utilización del huecograbado en 1929, coincidiendo con la Exposición Universal, y la instauración de una amplia red de corresponsales en el extranjero. En 1931, con La Vanguardia en plena expansión, moría Ramón Godó, al que sucedió su hijo Carlos. El 19 de julio de 1936, estalló la Guerra Civil en Barcelona y la Generalitat se incautó del diario, con lo que acabó la etapa de dirección de Gaziel, que se exilió. Durante aquel periodo, La Vanguardia fue el principal órgano de expresión, primero del Gobierno de la Generalitat, y más tarde, al instalarse el Gobierno central en Barcelona, del Gobierno de la República. Ilustres intelectuales de aquella generación estamparon su firma en el diario, como Antonio Machado, Bosch i Gimpera, Erenburg, Malraux, Max Aub, Ramón J. Sender, y un largo y brillante etcétera. Con la victoria del bando franquista, la propiedad recuperó el control financiero del diario, pero, a causa de la censura, no podía influir en la línea editorial. El diario fue obligado a cambiar su histórica cabecera por la de La Vanguardia Española. Fue cuando el general Franco impuso como director a Luis de Galinsoga, que no entroncó con la realidad catalana y hasta se declaró públicamente enemigo de Catalunya y de todo lo catalán, lo cual hizo pasar al diario por uno de sus momentos más difíciles. Aun así, La Vanguardia mantuvo su hegemonía dentro de la prensa catalana. Su sección de Internacional, encabezada por el prestigioso periodista Santiago Nadal, fue de las pocas proaliadas de la prensa española durante la Segunda Guerra Mundial. La dirección de Galinsoga duró hasta que el propio general Franco decidió relevarlo del cargo, en 1960, debido a la movilización popular en su contra. En 1963, le sucedió en la dirección Javier de Echarri, que permaneció en el cargo hasta 1966. En aquella difícil etapa de cierta transición política, el nuevo director, Horacio Sáenz Guerrero, inició una valiente apertura encaminada a conseguir un diario plural y democrático, que representase el sentir de sus lectores. Entonces comenzaron a colaborar en sus páginas prestigiosas firmas, como Antoni Tàpies, Ramon Trias Fargas, Joan Fuster, Baltasar Porcel o Fabián Estapé, que reflejaban el espectro político más avanzado de la sociedad catalana. A partir de aquel momento, el diario apoyó el cambio democrático, la instauración de la monarquía y el restablecimiento de la Generalitat de Catalunya. Hasta que el 11 de agosto de 1978, recuperó su auténtico nombre: La Vanguardia. El diario celebró en 1981 su primer centenario con un profundo cambio tecnológico que impulsó el nuevo editor, Javier Godó. Este cambio comportó la incorporación de los videoterminales en la redacción y otros departamentos del rotativo. El 30 de junio de 1983, siendo director Lluís Foix, se publicó el último ejemplar con la tipografía realizada en plomo. En octubre de 1989, ya bajo la dirección de Juan Tapia, La Vanguardia culminó su intensa etapa de reconversión tecnológica presentando un nuevo diseño de carácter rupturista, que fue proyectado por el prestigioso creativo de Manhattan Milton Glaser, autor del logotipo de la ciudad de Nueva York. El nuevo diseño fue un éxito plenamente aceptado por los lectores y comportó una nueva alza en las cuotas de mercado en Catalunya y en el resto de España. Aquel cambio se culminó con una nueva rotativa en offset color. En abril del 2000, José Antich sucedió a Juan Tapia en la dirección del diario, en el marco de un relevo generacional que coincidió con la expansión del Grupo Godó. Al mismo tiempo, Alfredo Abián sustituyó como director adjunto a Lluís Foix, que pasó a desempeñar responsabilidades en La Vanguardia Digital. Antich reestructuró la redacción, renovó y amplió la red de corresponsales abriendo nuevas corresponsalía en Pekín, Buenos Aires o La Habana, incorporó nuevas firmas a las páginas de opinión como Quim Monzó o Carlos Ruiz Zafón, e introdujo temas semanales de debate entre especialistas de distintas materias. La oferta dominical del diario se incrementó con un innovador suplemento de economía, una atractiva guía de clasificados que incluye secciones especiales dedicadas al mundo del motor, y una remodelación de la Revista del domingo. Durante el año 2002, empezó a publicarse un nuevo suplemento en color denominado Culturas, que cada miércoles recoge la información sobre libros, artes y nuevas tendencias. En abril del 2004, La Vanguardia cambió de sede. Fue otro de sus momentos históricos, ya que desde 1803 había transcurrido más de un siglo de su vida en la calle Pelai, 28. El acto de despedida de sus emblemáticos locales fue muy emotivo, y muchos familiares y amigos de los redactores, así como suscriptores y lectores pasaron a visitar el edificio donde el diario se convirtió en una auténtica institución ciudadana. La Vanguardia se trasladó entonces a tres plantas acristaladas del rascacielos donde se concentran la mayoría de publicaciones y empresas del Grupo Godó, en la Diagonal, 477. Fue el momento de renovar totalmente su material, así como los ordenadores y los servicios tecnológicos. Además de ganar espacio, confort y luminosidad, las nuevas instalaciones están dotadas y diseñadas para implementar las tecnologías más avanzadas. Parte de los servicios auxiliares del diario se trasladaron al edificio del Poblenou, donde está la planta impresora. Y en otro local de la calle Pelai se inauguró un punto de atención a los subscriptores y lectores. El año 2006, la plantilla suma ya 700 personas, de las cuales más de 250 pertenecen a la redacción. Durante este ejercicio, La Vanguardia aumenta y consolida su liderazgo en la prensa de Catalunya, ya que logró una venta media diaria de 202.161 ejemplares. Estos resultados indican el buen momento de La Vanguardia, con el dato añadido de que en el periodo de abril y mayo del 2007 se sitúa como el tercer diario con mayor difusión de España y el primero editado en Catalunya. Las cifras de la OJD confirman la tendencia al alza de La Vanguardia, que ha saltado de los 191.675 ejemplares del 2000 a los 202.161 del 2006, y los 227.886 del 2007, mientras que sus competidores en Catalunya han registrado sensibles descensos de ventas. Además, La Vanguardia es también el diario editado en Catalunya que más difusión tiene en el resto de España: cerca de 22.000 ejemplares, de los que más de 8.000 se venden en Madrid. La apuesta internacional de la cabecera del Grupo Godó también ha contribuido a su expansión. Desde marzo del 2005, La Vanguardia está a primera hora de la mañana en los puntos de venta de las principales capitales europeas gracias a que una parte de la edición del periódico se imprime en las rotativas de Gosselies, localidad belga fronteriza con Francia, lo que ha permitido mejorar la distribución en Europa, donde cada día se distribuyen más de 4.000 ejemplares. La vocación internacional de La Vanguardia queda reflejada en la presencia de corresponsales en una quincena de ciudades de todo el mundo, a los que hay que sumar otros tantos colaboradores en diversos países. Web renovada El año 2006 ha sido el de la renovación total de la web para hacerla más fácil de usar, más dinámica y más participativa. Uno de los principales ejes del cambio ha sido la estructuración de la información en dos nuevas áreas de navegación: La Vanguardia 24 Horas y La Vanguardia Edición Impresa. En La Vanguardia 24 Horas, la redacción asume el reto de mantener informados a los internautas todas las horas del día, minuto a minuto y de forma gratuita. Además de un nuevo diseño que mejora la legibilidad, las diversas secciones permiten acceder a las noticias, pero también a temas de fondo, blogs de autor, encuestas, foros, gráficos dinámicos, enlaces de interés así como grabaciones de radio e imágenes de televisión. Este esfuerzo empresarial y profesional se ha traducido en que la web de La Vanguardia es el portal de información de la prensa generalista que más ha crecido en audiencia durante el 2006, según los estudios publicados por el Estudio General de Medios (EGM). La web de La Vanguardia ha aumentado un 37,3% y se consolida como la segunda web generalista de España. A todo ello hay que añadir el nuevo cambio de diseño y de formato para adaptarlo a las características de la nueva planta de impresión de última generación instalada en la Zona Franca por el Grupo Godó, donde se imprimirá el diario con mayor calidad de impresión y de color. 125 aniversario Los positivos datos de la OJD sobre las ventas del diario en el 2006 han coincidido con el 125 aniversario de La Vanguardia, que tuvo lugar el 1 de febrero del 2006. La celebración de los actos conmemorativos fueron presididos por los reyes de España. Uno de los principales actos fue una gran exposición montada en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, bajo el título La Vanguardia, 125 años. El pulso de los días, comisariada por Màrius Carol, que resultó un éxito de asistencia, de crítica y de resonancia mediática. Los actos conmemorativos culminaron con una cena de gala en el Saló Oval del Palau Nacional de Catalunya. La presidió S.M. el rey Juan Carlos, quien recalcó "la independencia y el rigor del diario", coincidiendo con el discurso de Javier de Godó, conde de Godó, que aseguró que "el patrimonio del diario es la credibilidad". A la cena de gala acudieron más de 1.200 personalidades representativas del mundo social, político, económico, cultural, artístico y deportivo de Catalunya y España. Dos jefes de estado, los presidentes del Parlamento Europeo, del Congreso de los Diputados y del Parlament, ocho ministros, cuatro presidentes autonómicos y una gran representación de la sociedad civil hicieron que este acto pase a la historia de Barcelona como el de mayor representación de la sociedad política, cultural y empresarial conseguida nunca por una empresa privada. Por su parte, el Ayuntamiento de Barcelona concedió a La Vanguardia la Medalla d"Or de la Ciutat por cumplir 125 años y ser el decano de la prensa catalana. Obras históricas Con motivo del 125 aniversario, La Vanguardia culminó otro gran esfuerzo editorial con la publicación del libro La Vanguardia en 125 miradas, formado por una colección de artículos significativos publicados en los tres siglos de su existencia. Ofrecida a sus lectores, es una obra de referencia con las firmas de los más destacados intelectuales que han escrito en el diario y artistas que lo han ilustrado. En esta misma línea, La Vanguardia editó también una colección de 34 libros sobre la historia de Barcelona vista a través del diario. Bajo el título Barcelona, una ciudad de Vanguardia, es otra obra monumental que recoge los más variados aspectos de la historia de la ciudad relatados con artículos, grabados y fotografías de cada época de los más importantes periodistas, escritores, fotógrafos y artistas que han trabajado para La Vanguardia en tres siglos. |
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