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HISTORIA


    La Vanguardia, que es la empresa más antigua del holding, es un diario propiedad de la familia Godó desde que se fundó el 1 de febrero de 1881. Considerado el buque insignia del Grupo Godó de Comunicación, se imprime diariamente en Barcelona, Madrid y Bélgica. A lo largo de sus 125 años de historia, La Vanguardia ha sido testigo de tres siglos y un referente de diario moderno, cosmopolita e innovador en todos los procesos industriales y tecnológicos. Modelo de la prensa de prestigio europea, actualmente el diario edita, además, una serie de suplementos semanales temáticos, como Lunes Match (deportes), Cultura's, Dinero (economía), Los Clasificados, es (estilos de vida), el Magazine, Què Fem? y TVmanía. Desde sus orígenes, La Vanguardia es también un símbolo de la sociedad civil catalana y española. Su presidente- editor es Javier Godó, Conde de Godó (Barcelona, 1941), que pertenece a la cuarta generación de una familia tradicionalmente vinculada a empresas periodísticas.

    La larga historia de La Vanguardia comienza el 1 de febrero de 1881, cuando dos empresarios de Igualada, los hermanos Carlos y Bartolomé Godó Pié sacaron a la calle el primer número del diario. Definido entonces como "Diario político de avisos y noticias", nació como órgano de expresión de una fracción del Partido Liberal de Barcelona, que aspiraba a conseguir la alcaldía de la ciudad.

    Siete años más tarde, comenzó la historia de La Vanguardia como modelo de diario independiente, plural y moderno. El 31 de diciembre de 1887 dejó de publicarse como órgano del Partido Constitucional, y el 1 de enero de 1888, primer día de la Exposición Universal de Barcelona, presentó un nuevo formato, con doble edición de mañana y tarde, al margen ya de cualquier partido político.

    El periodista que consiguió convertir un diario partidista en el gran referente de la prensa independiente barcelonesa fue Modesto Sánchez Ortiz, un director andaluz que Amadeo Sagasta recomendó a Carlos Godó. Sánchez Ortiz se integró plenamente en la vida cultural de Barcelona y abrió las páginas del diario a los jóvenes artistas e intelectuales catalanes más destacados, que supieron conectar con los aires renovadores que vivía la sociedad catalana. Casas, Nonell, Rusiñol, Casellas y una larga nómina de artistas e intelectuales son una muestra de aquella profunda transformación, como lo demuestra que, en 1900, el diario ya publicaba la primera crítica de un joven pintor llamado Pablo Ruiz Picasso. Durante aquella época, La Vanguardia contó también con la firma de intelectuales como Leopoldo Alas Clarín, así como con la de Unamuno y los principales escritores de la generación del 98.

    El 25 de octubre de 1903, el rotativo se trasladó de la calle Les Heures, cercana a la plaza Reial, a un edificio modernista en la calle Pelai, 28, a la vez que renovó su sistema de composición. Ya bajo la dirección del intelectual mallorquín Miquel dels Sants Oliver, La Vanguardia contrató a los más prestigiosos colaboradores del Diario de Barcelona, decano de la prensa continental. Uno de sus más grandes y resonantes éxitos fue ser el primer diario español que envió corresponsales a París y Berlín, capitales de los bandos contendientes durante la Primera Guerra Mundial. En aquella época, La Vanguardia conectó plenamente con la vida cultural y social catalana, y se convirtió, con más de 80.000 ejemplares, en el diario de mayor difusión de Catalunya.

    A Miquel dels Sants Oliver le sucedió el antiguo corresponsal en París, Agustí Calvet Gaziel. Bajo su dirección y con el empuje empresarial de Ramón Godó Lallana, La Vanguardia se consolidó como el primer diario de España y uno de los principales de Europa. Aquel éxito fue posible gracias a que el diario fue pionero a la hora de introducir todos los avances técnicos, la conexión con las principales agencias, la utilización del huecograbado en 1929, coincidiendo con la Exposición Universal, y la instauración de una amplia red de corresponsales en el extranjero. En 1931, con La Vanguardia en plena expansión, moría Ramón Godó, al que sucedió su hijo Carlos.

    El 19 de julio de 1936, estalló la Guerra Civil en Barcelona y la Generalitat se incautó del diario, con lo que acabó la etapa de dirección de Gaziel, que se exilió. Durante aquel periodo, La Vanguardia fue el principal órgano de expresión, primero del Gobierno de la Generalitat, y más tarde, al instalarse el Gobierno central en Barcelona, del Gobierno de la República. Ilustres intelectuales de aquella generación estamparon su firma en el diario, como Antonio Machado, Bosch i Gimpera, Erenburg, Malraux, Max Aub, Ramón J. Sender, y un largo y brillante etcétera.

    Con la victoria del bando franquista, la propiedad recuperó el control financiero del diario, pero, a causa de la censura, no podía influir en la línea editorial. El diario fue obligado a cambiar su histórica cabecera por la de La Vanguardia Española. Fue cuando el general Franco impuso como director a Luis de Galinsoga, que no entroncó con la realidad catalana y hasta se declaró públicamente enemigo de Catalunya y de todo lo catalán, lo cual hizo pasar al diario por uno de sus momentos más difíciles. Aun así, La Vanguardia mantuvo su hegemonía dentro de la prensa catalana. Su sección de Internacional, encabezada por el prestigioso periodista Santiago Nadal, fue de las pocas proaliadas de la prensa española durante la Segunda Guerra Mundial. La dirección de Galinsoga duró hasta que el propio general Franco decidió relevarlo del cargo, en 1960, debido a la movilización popular en su contra. En 1963, le sucedió en la dirección Javier de Echarri, que permaneció en el cargo hasta 1966. En aquella difícil etapa de cierta transición política, el nuevo director, Horacio Sáenz Guerrero, inició una valiente apertura encaminada a conseguir un diario plural y democrático, que representase el sentir de sus lectores. Entonces comenzaron a colaborar en sus páginas prestigiosas firmas, como Antoni Tàpies, Ramon Trias Fargas, Joan Fuster, Baltasar Porcel o Fabián Estapé, que reflejaban el espectro político más avanzado de la sociedad catalana. A partir de aquel momento, el diario apoyó el cambio democrático, la instauración de la monarquía y el restablecimiento de la Generalitat de Catalunya. Hasta que el 11 de agosto de 1978, recuperó su auténtico nombre: La Vanguardia.

    El diario celebró en 1981 su primer centenario con un profundo cambio tecnológico que impulsó el nuevo editor, Javier Godó. Este cambio comportó la incorporación de los videoterminales en la redacción y otros departamentos del rotativo. El 30 de junio de 1983, siendo director Lluís Foix, se publicó el último ejemplar con la tipografía realizada en plomo. En octubre de 1989, ya bajo la dirección de Juan Tapia, La Vanguardia culminó su intensa etapa de reconversión tecnológica presentando un nuevo diseño de carácter rupturista, que fue proyectado por el prestigioso creativo de Manhattan Milton Glaser, autor del logotipo de la ciudad de Nueva York. El nuevo diseño fue un éxito plenamente aceptado por los lectores y comportó una nueva alza en las cuotas de mercado en Catalunya y en el resto de España. Aquel cambio se culminó con una nueva rotativa en offset color.

    En abril del 2000, José Antich sucedió a Juan Tapia en la dirección del diario, en el marco de un relevo generacional que coincidió con la expansión del Grupo Godó. Al mismo tiempo, Alfredo Abián sustituyó como director adjunto a Lluís Foix, que pasó a desempeñar responsabilidades en La Vanguardia Digital. Antich reestructuró la redacción, renovó y amplió la red de corresponsales abriendo nuevas corresponsalía en Pekín, Buenos Aires o La Habana, incorporó nuevas firmas a las páginas de opinión como Quim Monzó o Carlos Ruiz Zafón, e introdujo temas semanales de debate entre especialistas de distintas materias. La oferta dominical del diario se incrementó con un innovador suplemento de economía, una atractiva guía de clasificados que incluye secciones especiales dedicadas al mundo del motor, y una remodelación de la Revista del domingo. Durante el año 2002, empezó a publicarse un nuevo suplemento en color denominado Cultura's, que cada miércoles recoge la información sobre libros, artes y nuevas tendencias.

    En abril del 2004, La Vanguardia cambió de sede. Fue otro de sus momentos históricos, ya que desde 1803 había transcurrido más de un siglo de su vida en la calle Pelai, 28. El acto de despedida de sus emblemáticos locales fue muy emotivo, y muchos familiares y amigos de los redactores, así como suscriptores y lectores pasaron a visitar el edificio donde el diario se convirtió en una auténtica institución ciudadana. La Vanguardia se trasladó entonces a tres plantas acristaladas del rascacielos donde se concentran la mayoría de publicaciones y empresas del Grupo Godó, en la Diagonal, 477. Fue el momento de renovar totalmente su material, así como los ordenadores y los servicios tecnológicos. Además de ganar espacio, confort y luminosidad, las nuevas instalaciones están dotadas y diseñadas para implementar las tecnologías más avanzadas. Parte de los servicios auxiliares del diario se trasladaron al edificio del Poblenou, donde está la planta impresora. Y en otro local de la calle Pelai se inauguró un punto de atención a los subscriptores y lectores.

    El año 2007 fue especialmente importante porque el diario redujo su formato, cambio su diseño e incorporó más color coincidiendo con la inauguración de una nueva planta de impresión en la Zona Franca. El cambio sirvió para consolidar el liderazgo de la prensa en Catalunya. Los datos de difusión de enero de 2010 sitúan las ventas de La Vanguardia en 200.322 ejemplares y la difusión en 693.000, con lo cual el diario no sólo es el más vendido, sino también el más leído en Catalunya. Además, es líder en España en número de suscriptores, con 65.055.
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